4 de octubre de 2026 · Sara Marugan
Hemos pintado el aula feminista de lila (y las manos, también)
Este artículo se ha traducido automáticamente del original en catalán de Sara. El texto es suyo; la traducción no la ha revisado nadie. Lee el original en catalán →

Cuando me dieron esta aula, en el sótano del instituto, las paredes eran de un blanco que había conocido tiempos mejores y tenían más agujeros que un colador. Le pedí permiso a la directora para pintarla, me lo dio, y mi alumnado y yo nos pusimos manos a la obra.
Primero, la masilla
Antes de pintar, había que tapar los agujeros. Masilla, espátula y paciencia: uno a uno.


Después, el rodillo
Entonces llegaron los botes de pintura y los rodillos. El color, claro está: lila, el color del feminismo.


Y, por el camino, flores
Pintar con el alumnado tiene algo bueno: nunca es solo pintar. En las paredes fueron apareciendo flores, corazones y estrellas. Y en las manos, pintura. Mucha pintura.


El aula feminista
Ahora el aula es lila, y la hemos pintado nosotros. Gracias a la directora por dejarnos hacerlo y, sobre todo, a mi alumnado, que se ha dejado la piel.
Si algún día me buscáis en el instituto, ya lo sabéis: bajad al sótano y seguid el lila.
Para proteger a mis alumnos, en las fotos no se les ve la cara.
