5 de septiembre de 2026 · Sara Marugan
La escultura «Dona i Ocell», de Joan Miró
Este artículo se ha traducido automáticamente del original en catalán de Sara. El texto es suyo; la traducción no la ha revisado nadie. Lee el original en catalán →



Esta escultura exenta de 22 metros de altura se inauguró en 1983. Realizada con hormigón y cerámica pintada, con la técnica gaudiniana del trencadís, Joan Miró trabajó con Joan Gardy Artigas para llevar a cabo esta pieza clave de la escultura pública barcelonesa.
Se levanta como una forma orgánica —una seta, un tallo o un elemento de reminiscencia masculina—, coronada por un cilindro desigual y una forma de media luna amarilla. En la parte inferior, una abertura vertical y negra: la oscuridad del misterio en la iconografía del autor. Titulada Dona i ocell, como otras obras mironianas, evoca la feminidad definida por la incisión negra como recuerdo de la vulva.
La mujer, para Joan Miró, es todo el universo, y se complementa con la forma fálica de la escultura. La mujer es lo telúrico arraigado a la tierra. Arriba del todo, el pájaro, símbolo de la evasión del ser humano hacia el cielo, la luna y las estrellas: lo que puede volar libre hacia otras realidades y nos aleja del plano terrestre. A lo largo de los años, Joan Miró creó un lenguaje personal y único ligado a la tradición surrealista, donde la mujer, el pájaro, las estrellas, la luna y la escalera son signos visuales de una poética que trasciende la pura materialidad y nos eleva al mundo de las ideas, los sueños y el pensamiento.
El encargo de la obra fue del Ayuntamiento de Barcelona, en el marco de la urbanización del antiguo Parc de l'Escorxador. El solar donde había estado el matadero de Barcelona, derribado en 1978, se convertiría en el actual Parc Joan Miró, presidido por la escultura. Quien llega o se va de Barcelona en tren por la Estación de Sants recibe la bienvenida o la despedida de la mano de Joan Miró. Y aunque no formaba parte del proyecto original de escultura pública iniciado en 1968, es un buen complemento de aquel.
Pero ¿cuál era ese proyecto de los años sesenta? El Ayuntamiento de Barcelona sugirió a Joan Miró que hiciera uno de sus conocidos murales cerámicos para dar la bienvenida a quienes llegaran al aeropuerto de la ciudad. A Miró le encantó la idea y dijo que no solo haría una obra para el aeropuerto —instalada en 1970—, sino que se comprometía a diseñar dos obras más para dar la bienvenida a los visitantes según el medio por el que llegaran: tierra, mar o aire.
Entre esas otras dos obras destaca el pavimento cerámico del Pla de la Boqueria, en las Ramblas —el Mosaic del Pla de l'Os, inaugurado en 1976—, que acogía a quienes llegaban al puerto. La tercera debía ser una escultura instalada en el Parc de Cervantes para hacer el mismo gesto en la entrada a la ciudad por la antigua carretera nacional; el proyecto no llegó a realizarse y su maqueta se conserva en el patio norte de la Fundació Joan Miró de Barcelona.
Si queréis un punto de vista distinto de esta escultura y del conjunto del parque, subid a las terrazas del centro comercial de Les Arenes para verla a vista de pájaro, siempre que la normativa vigente lo permita. Así también podréis ver cómo la antigua plaza de toros de estilo neomudéjar, proyectada por el arquitecto August Font i Carreras en 1900, se transformó de la mano del arquitecto Richard Rogers en un centro comercial inaugurado en 2011.
Texto escrito por Jose Ortiz, guía del Centre Europeu de Barcelona.
